¡Oh Bella Señora, el amor de Madre os trajiste a la montaña de La Salette,donde lloraste amargamente por mí y por el mundo.
Ved que hoy me consagro a vosotros sin reserva.
Desde ahora, mi alegría será en sábado er que yo soy su hijo.
Quiero consolar vuestro corazón y acabar con vuestras lágrimas.
Con vosotros pongo mi vida al servicio de la reconciliación.
Encomiendo a vuestra protección maternal todo mi ser, toda mi esperanza y alegría, todo obstáculo y dolor.
Te ofrezco toda mi vida hasta los fines de los tiempos.
Les pido que guíen mis pasos en el camino del Evangelio.
Que mi vida sea un servicio profético que derrama a los poderosos de sus tronos y eleva a los humildes.
Así, amparado por vosotros, seguiré con entusiasmo
y sin miedo en el camino del servicio dejado por vosotros y por vuestro hijo.
Amén!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario